Miles de venezolanos se movilizaron este 23 de marzo en las calles de Caracas para exigir el levantamiento total de las sanciones internacionales contra Venezuela, en una marcha convocada por el chavismo que coincidió con declaraciones de la presidenta encargada Delcy Rodríguez solicitando formalmente al gobierno del presidente Donald Trump la eliminación de estas medidas coercitivas. La protesta, caracterizada por participantes con "alegría y determinación" según reportes en redes sociales, ocurre en un contexto donde Estados Unidos ha relajado parcialmente algunas restricciones petroleras pero mantiene el grueso del régimen sancionatorio que afecta la economía venezolana.
La marcha representa la primera gran movilización callejera del chavismo bajo el gobierno de transición encabezado por Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia encargada tras la detención del exmandatario Nicolás Maduro en enero de 2026. Según reportó DW, la concentración fue específicamente convocada por sectores oficialistas bajo la consigna principal de exigir el fin de las sanciones, reflejando la continuidad de esta demanda como eje central de la política exterior venezolana pese al cambio en el liderazgo ejecutivo.
En paralelo a la movilización popular, la presidenta encargada Delcy Rodríguez realizó declaraciones públicas donde destacó que "ha solicitado al presidente de Estados Unidos el levantamiento de las sanciones impuestas a Venezuela", argumentando que "una licencia no proporciona la certidumbre necesaria" en referencia a las recientes flexibilizaciones parciales. Rodríguez enfatizó que "la paz y la tranquilidad constituyen la decisión firme que ha tomado el pueblo venezolano como nación", vinculando la estabilidad interna con la necesidad de eliminar restricciones económicas externas.
El contexto de estas movilizaciones incluye medidas recientes de flexibilización por parte de Washington. Según reportó Radio Miraflores, Estados Unidos ha relajado sanciones específicas a PDVSA para permitir inversiones en crudo venezolano, aunque estas concesiones limitadas distan del levantamiento total exigido por Caracas. Esta aproximación gradual contrasta con la demanda venezolana de una eliminación completa e inmediata de todas las sanciones, consideradas por el gobierno como el principal obstáculo para la recuperación económica nacional.
Las imágenes y videos circulados en redes sociales muestran una marcha de considerable magnitud, con participantes portando banderas venezolanas y consignas contra las sanciones. Las publicaciones oficialistas en Instagram describen al "pueblo movilizado en las calles de Caracas" con "voluntad que no se detiene", mientras que otras fuentes mencionan que el chavismo "marcha en Caracas para exigir fin de sanciones", confirmando el carácter oficialista de la convocatoria. Simultáneamente, Rodríguez realizaba actividades protocolares como la entrega de espacios rehabilitados en el Cementerio General del Sur en la parroquia Santa Rosalía de Caracas.
La persistencia del discurso contra las sanciones ocurre pese al cambio en el escenario político venezolano tras la detención de Maduro. Publicaciones en redes sociales que mencionan al exmandatario —actualmente fuera de la escena política activa— utilizan lenguaje histórico, como un mensaje que cita "el signo de la victoria" atribuido a Maduro, reflejando cómo elementos retóricos del pasado se mantienen en la narrativa oficialista actual. Esto sugiere continuidades ideológicas en la política exterior venezolana bajo la nueva administración.
Las implicaciones de esta movilización trascienden lo simbólico, situándose en negociaciones concretas entre Caracas y Washington. La solicitud formal de Rodríguez al gobierno del presidente Trump establece un canal directo de presión diplomática complementado por la demostración de apoyo popular interno. Analistas señalan que la combinación de diplomacia y movilización callejera busca fortalecer la posición negociadora venezolana en un momento donde factores geopolíticos y energéticos podrían favorecer un replanteamiento de las sanciones.
Las perspectivas inmediatas sugieren que la presión venezolana continuará en múltiples frentes. La marcha del 23 de marzo probablemente sea la primera de una serie de acciones destinadas a mantener el tema en la agenda internacional, especialmente ante la administración Trump. El éxito de estas gestiones dependerá de factores como la evolución del diálogo bilateral, los intereses energéticos estadounidenses en el crudo venezolano, y la capacidad del gobierno de Rodríguez para demostrar avances en estabilidad interna que justifiquen un tratamiento diferenciado por parte de la comunidad internacional.


